Los vídeos de poesía para perdidos

Ahora en youtube

martes, 19 de abril de 2011

Fotos del recital del sábado 17












J.Manuel Soriano








Enrique Cebrián





Nico Casinelli




Crónica de Octavio Gómez Milian







sábado, 9 de abril de 2011

Día 16 nuevo recital de poesía para perdidos


El próximo día 16 a las 22hoo una nueva sesión de Poesía para perdidos en La campana de los perdidos c/ Prudencio nº 7 Zaragoza.








ENRIQUE CEBRIÁN ZAZURCA (Zaragoza, 1978)


Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza.

Accésit en el Concurso de Literatura Joven del Gobierno de Aragón 2006 con el poemario Amor y otros desórdenes (publicado en el volumen Literatura Joven 2006, Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2006).

Primer Premio en el Concurso de Literatura Joven del Gobierno de Aragón 2008 con el libro de prosas Espuma en los zapatos (publicado en el volumen Literatura Joven 2008, Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2008).

Accésit en el Concurso de Literatura Joven del Gobierno de Aragón 2008 con el poemario Recaída (publicado en el volumen Literatura Joven 2008, Gobierno de Aragón, Zaragoza, 2008).

Autor del poemario Tercera convocatoria (Editorial Eclipsados, Zaragoza, de próxima aparición).

Artículos de opinión, creación y crítica literaria en las Revistas Eclipse, Riff Raff y Aragón en Portada (con la sección “Recado de escribir”), en el suplemento cultural “Artes & Letras” de Heraldo de Aragón y en el periódico digital Diario Aragonés.

Miembro del Consejo Editorial de la Editorial Comuniter, para sus colecciones “Voces de Margot” (prosa) y “Resurrección” (poesía).




POEMAS:



TODAS AQUELLAS COSAS



La ropa que te pones

para quedarte en casa, con esos

calcetines, tu piel desmaquillada.

Esas gafas

que no usas en la calle,

tu pelo despeinado como un país

sin leyes ni gobierno

ni nombre.

Restos de pasta de dientes

que han quedado en el lavabo.



Todas aquellas cosas que no cuentan

los poemas de amor.


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OCTUBRE



Leyendo un poema de Juan Antonio González-Iglesias

comprendí muchas cosas de repente.

Un poema mucho más bello que éste

(y sólo aún conozco sus tres primeros versos).

En él cuenta el poeta

que octubre es, para los japoneses, el único mes

en que, como descanso, no celebran a dioses.

No hay ninguna presencia

luciendo en esos días su testa coronada.

Los hombres solos. Sólo los hombres

sin ruego y sin excusa.

Leyendo ese poema, comprendí tantas cosas de repente…

Supe en ese momento por qué los dos llegamos

a esta tierra desnuda en ese mes del año.

Entendí aquellas tardes, alegres y absolutos,

sobre las ruinas ásperas besándonos protagoristas

de la historia, de nuestro absurdo paso por el mundo.

La dulce iconoclasia.

Comprendí nuestros cuerpos unidos en la noche

como una afirmación de nuestra estirpe

y también –¿por qué no decirlo?–

como un signo de interrogación entre las sábanas

lanzado hacia la nada o a nosotros

o al cielo luz de octubre azul y limpio.


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SICILIA



A Elena, que me contó cosas de la isla antes de visitarla yo, y me hablaba de cuando Sicilia era aragonesa



Este sol de miles de años, las colinas abrasadas de esta Sicilia que hoy visito, un calor sagrado de humedad antigua subiendo del asfalto de las mal asfaltadas carreteras de esta isla –mientras conduzco y tú estás a mi lado– me recuerdan al viejo Salina camino de su recreo en Donnafugata. Últimas pompas ofrecidas, esforzadas complacencias para un príncipe de un tiempo que marchita.

En la radio escuchamos los compactos que trajiste de España y éste que hemos comprado esta mañana al abandonar Palermo; es de canciones populares sicilianas. Folclore autóctono para turistas despistados. Acabará estallando este coche alquilado como sigas girando la rueda del aire acondicionado. Acabaremos cogiendo una pulmonía. En agosto y con las brisas insólitas que llegan de África tan cercana.

Acabarán estallando los caballos exhaustos de este carruaje de Salina. Tendrías que cambiar para que pudiéramos seguir tan felices como siempre, me dices. Hemos programado este viaje porque creemos ingenuos que abandonar un país es rectificar un mundo.

No vayamos al interior de la isla, es una hoguera. Cambia de dirección y marchemos a las playas aristocráticas de Taormina.

Hoy encuentro esta vieja foto y te veo surgir de las aguas del Jónico –como un Etna de espuma– con la piel estallada de una diosa de sal.






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BIOGRAFÍA

Nació en Alcañiz en 1972.

Ha publicado Adiós a la deshabitada conciencia (Zaragoza, 2002), El único lugar (Zaragoza, 2006), Rutina, el diario (Madrid, 2008) y La ceniza de los mapas (Palencia, 2008).
Ajeno a movimientos poéticos, escribe para ser libre, huir y domesticar algunos miedos.




POEMAS



De mi padre

heredé

un lapicero

para escribir los años.




De mi madre

las palabras

que me leerán

la vida entera.





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“Él bebía habitualmente.

Los vecinos escucharon gritos sobre las 11 de la noche. Al llegar la policía…”



noche




Llega la noche

con manos de taxidermista.




Mi nombre crece en su ajuar de sombras

– como zarza entre los labios – ,

mientras la ira pule las esquinas de mi cuerpo

con la palabra culpa.




Sé que para huir

tengo que perder de vista

mi propia ceguera,

pero ahora es tarde para abrir los ojos

y entenderlo.




En los brazos del miedo

el perdón cicatriza las palabras.





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Las garras de la inocencia







Me ocurre en bibliotecas,



en museos y en algunas galerías de arte



donde el mar es un agujero azul con motas verdes



y las olas



un arco iris pintado en telas blancas.




También cuando te miro a los ojos



y sabes de sobra qué te voy a decir,



o cuando preguntas por mis mentiras



y solamente sé decirte la verdad.




Entonces ocurre,



ocurre que la inocencia me sabe de memoria



y me limita en sus garras



hasta hacerme sentir el único culpable.



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Música: NICO CASINELLI





domingo, 20 de marzo de 2011

viernes, 11 de marzo de 2011

El día 19 nuevo recital de poesía para perdidos





Pilar Peris por Pilar Peris (Nadie mejor que la autora para presentarse, ya que Pilar Peris es totalmente alérgica
al uso impropio e improcedente de las palabras)


Nacimiento: Nací en una ciudad rodeada de mar y naranjos pero Aragón me ha fascinado desde que puse los pies, el corazón y la mirada en Zaragoza.
Estudios Permanentes: La Experiencia, La Filosofía y la Música. La Poesía las reúne a las tres y las supera. Por eso voy en busca de ella o ella de mí.
Títulos: El PIV (Poesía que intensifica la vida) La Poesía es mi salvoconducto ante el desvarío y el exceso de hiperrealidad que nos rodea. Es un ejercicio de resistencia y libertad, un escudo contra el odio y la insensatez.
Estado: Me entusiasma la docencia, pero mucho más la vida solitaria de las letras donde me refugio para no llorar por la belleza.
Ocupación: Cultivo grietas. De ellas brotan palabras llenas de arrebatado amor por la existencia. Las mimo, miro dentro, las cuido y las saco fuera con mis ojos de Gorgona buena, antes de que “el afuera” las devore irremediablemente.




Poemas:






VÍA LÁCTEA



-Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque vendrán días en que se dirá: Dichosas las estériles, los vientres que no engendraron y los pechos que no amamantaron. Entonces se pondrán a decir a las montañas: “Caed sobre nosotras”; y a las colinas: “!Aplastadnos!”. Porque si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?

LUCAS, 23, 28-31.



Nutricia y sin redención
se derrama,
sin consagrar lo que
sí consagra el vino.

¿Quién oficia y rememora
cada púbico desgarro,
la punzada en el agrietado pezón,
la asunción del dolor mudo,
en toda mujer encarnado?

Verónica,
tu paño entre las piernas

¿Qué llagas cura?

Y este blanco infinito
donde me vierto
lechosa y cálida,
agria o hirsuta,
hoja tras hoja,
¿es para gloria
del apóstol que
usurpó el Camino?

Ingrávido sino
escuchar en sus
bocas la palabra
que dice injuria y
dice olvido.

Pero tú posees el
misterioso eje
que atraviesa los
entresijos del mundo
y lo empapa de fecundidad.

¡Sal! y
desborda tinta blanca.
¡Sal! y
desmantela signos.
Desclava la urdimbre del madero,
el estrabismo de los patriarcas,
el gran matricidio.

La loba capitolina aúlla.
¡Escucha!

Y lo divino y sagrado
regresará a su lugar.




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SILENT MOUNTAIN




Al igual que el sol gozoso abandona
el vacío esplendor del día,
aquel que verdaderamente sufre
se envuelve con el oscuro manto del silencio.
MATILDE WESENDONCK En el invernáculo



Era tácito
tu ensamblaje de
roca y relámpago.
Aciaga mi espuma
de ola inmóvil.
Craso el rubor y
su empalago.


Quebróse el arco.
Cayó la nube.
Perdí mi sombra
al pie de tu estatura
cuando tu cabeza
declinó su peso
sobre mi noche
enardecida.


¡Qué lejos tan cerca!
¡Qué cerca tan lejos!
A fuego lento
la virulencia del frío.


Erguidme, farolas.
Teñid de fósforo el desamparo.
Dadme risas de neón,
látigos por venas.


Nadie se laceró
escarbando por
caminos del corazón
hasta tus tiernos adentros.


¿Nadie?


¿No mudó el ardor en
soplo, y el soplo en
cilicio de piedra?

¿No cayó mi aldaba
como pústula seca?

¿No rodé
como peonza?

¡Catalina, Eloisa!
el Cant dels Ocels
es frívola opereta.


Blue in green.
Blue in green.
Nubes verdes
sobre el suelo.


Aún me sitia aquella alambrada.
Aquellos ojos de lignito.
Aquellos brazos huecos a
ras de la ternura.
Y el tacto imposible,
de las manos, huido.


¿En qué oscura luz
reverdecen?

¿Qué rala intersección
fusiona tu escucha y
mi poema,
tu oído y
mi palabra?

¿Qué aquiescencia me
guía?

¿Qué confín
extemporáneo?

¿Qué atlas?

Bajo el Silencio de la montaña.
En el reino de los relojes
fláccidos.
Sin sesgo,
ni postura,
ni albedrío.

Allí donde el dolor
sabio
enmudece.

En el reverso del lenguaje.

Allí cabe el hueco.
Y arden las imágenes
que para siempre

nos miran.


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DESCONFÍO DE LA LUZ

Por ganar esta luz vine y estoy aquí ..

¿Por qué están hechos nuestros ojos para llorar y para ver?
LEÓN FELIPE, Ganarás la luz


Más vale cerrar los ojos. Aprenderás más de la sombra
que de la apariencia de las cosas.
EDMOND JABÉS, Un extranjero con, bajo el brazo un
libro de pequeño formato



Desconfío de la luz
como de mi cuerpo
que arde lentamente
a pesar de la lluvia.


¿Conoce el sol la noche?
¿Conoce el día su luz y el afán
inmisericorde por doblegar la
vana persistencia de los charcos?


La vista no configura
espacios para el canto.
La mirada es alma clandestina
que gime y gira como
un derviche en el desierto.


Yo no vine
ni estoy aquí
para ganar esta luz.


Yo no vine a
levantar mi falda
ni a exhibir palabras en
una falla que premia
ninots indultats.


A pleno sol
los ojos celebran el
esplendor de la luz.
Yo vislumbro en la sombra
su trágica insurgencia.
Pues mi voz nunca
alcanzará la palabra.
Torpe y empeñada en
escarbar del subsuelo
la raíz.


En silencio escucho,
custodio y velo
todo aquello que
nace de la oscuridad
y a la oscuridad
regresa













José Verón Gormaz (Calatayud, 1946). Poeta, narrador, periodista y fotógrafo. Estudios de Ingeniería Agrícola (1970) y Administración y Planificación de Empresas (1976) en la Universidad Politécnica de Madrid. Cronista Oficial de Calatayud, ciudad que lo nombró Hijo Predilecto en 2006. Consejero del Centro de Estudios Bilbilitanos. Académico Correspondiente de la Real Academia de San Luis. Medalla Aragonesa de Merito en Arte (2002). Premio Nacional de Fotografía (CEF, 2000). Medalla de Oro de las Cortes de Aragón (2006).
En 2007 se creó la Asociación Fotográfica Bilbilitana José Verón, en enero de 2008 aparecieron las bases para el I premio internacional de poesía "José Verón Gormaz" (Ayuntamiento de Calatayud) del que en 2009 se hizo una II edición. En el Pabellón de Aragón de la Expo-2008 de Zaragoza hubo 275 fotografías suyas expuestas, que han servido de base para el libro "Aragón imágenes" editado por el Gobierno de Aragón (2009). El día 27-XI-2.009 le entregaron el Premio Honorífico de la Asociación Aragonesa de Escritores "I Premio Imán" concedido por votación entre los asociados.
Ha obtenido, como fotógrafo, más de 300 premios nacionales e internacionales. Autor de más de 100 exposiciones individuales, tiene obra en museos, fototecas y colecciones institucionales y privadas. En 1987 le concedieron el título E.FIAP. Colaborador durante muchos años de Heraldo de Aragón, SER Calatayud y otros medios de comunicación. Ha publicado 26 libros, con premios de poesía (Juan Alcaide 1989, Santa Isabel de Portugal 1988 y 1994, Hermanos Argensola 1999, Ciudad de Santo Domingo 1982...), de novela (San Jorge, Zaragoza 1981) y de periodismo (Husa, Barcelona 1984).



Poemas:



Lugar sin voz


Cruza el día por el páramo exhausto

como un viento de luz desesperada.

Sin alma y sin latido,

abrasada y baldía,

sola queda la tierra.

Sin huellas ni horizonte,

su voz a lo indecible se abandona.

Duerme,

pero no tiene nada que soñar.




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Capital prisionera

Desde el suburbio
la visión herida:
la ciudad se ha cerrado
y se consume.

Imagino el rumor,
siento los días,
quedan, acaso,
lejanos resplandores,
luz cautiva
que proclama la burla de la noche,
la oscura incertidumbre de la sombra.


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Sombras en el mar

Nubes viajeras sobre el infinito.
Los rumores marinos abrazan al silencio
y siembran de presagios las distancias.

Sola queda la mar. No se lamenta,
mas deja que las olas se acompasen
al latido del tiempo,
que sea el horizonte
más lejano que el día.

No hay salvación.
El firmamento asoma entre las llamas
de un reflejo, que a punto de morir
tiembla en las aguas.

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Música:

Grupo "La cara oculta"









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martes, 1 de marzo de 2011

Los vídeos del último recital




















Gracias David...una vez más.


sábado, 12 de febrero de 2011

El día 19 nuevamente poesía para perdidos

El día 19 de febrero, como siempre a las 22h00, Poesía para perdidos organizado por la A.A.E. en La Campana de los perdidos en c/ Prudencio nº 7 Zaragoza.



Poetas:






Antón Castro (Santa Mariña de Lañas, Arteixo-A Coruña, 1959) es periodista y escritor. En 2010 publicó su primer poemario: 'Vivir del aire' (Olifante. Papeles de Trasmoz) y en 2011 publica 'El paseo en bicicleta' (Olifante), un poemario donde alterna el verso y la prosa con un tema de fondo: el viaje en bicicleta, la pasión por la bicicleta y un puñado de historias vinculadas al ciclismo, a la velocidad, a la literatura y a la música. El primero es de 'vivir del aire', los otros dos son de 'El paseo en bicicleta'.





POEMAS :






LOS DOS QUE DUERMEN





No sé si me gusta más levantarme a tu lado al alba
o dormir abrazado a ti. Sentir cómo lates,
cómo te arrugas sobre ti misma
como quien busca el acoplamiento perfecto de las almas.
Percibo entonces, antes de que se desaten las tentaciones,
el calor de tu espalda y tus nalgas, el torrente
de la melena y su olor a melocotón o a mora.
Te lo digo a menudo: eres atrabiliaria con el champú.
Quedo un instante así, inmóvil como un barco que siente,
tembloroso como la luz de la sinrazón,
me quedo como si fuera un pájaro abatido
que parpadea y sueña el mejor de todos los vuelos.
A veces te duermes. Y ronroneas. Y musitas palabras
intraducibles, frases completas que me cuentas como
si estuvieras presa en la alucinación del olvido.
Estoy feliz así. En ese instante, cuando el mundo
se desmaya, le pido a la carne que no se altere,
que apacigue sus ardores, que no enturbie la noche
de gemidos y de risas y de batallas de sudor,
y me digo a mí mismo que, algunas veces, el mejor sonido
es el del silencio, el de la respiración de dos que se aman
y escuchan la música del corazón sin saber si despertarán.



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TORRE DEL ABEJAR





A Eduardo Laborda.





Mi padre siempre ha sido una criatura irreductible.
Aparecía y desaparecía como el viento y la lluvia.
Era como si tuviera una segunda vida, o una tercera,
era como si estuviese incomodado consigo mismo
y con todo el mundo. Vivía de arrebato en arrebato:
de maldición en maldición, de fuga en fuga,
de rutinas casi insondables, de silencios, de gritos.
Mi madre, ante nuestra perplejidad, solía decir:
“Antes no era así. Era un hombre normal, suave,
que se contentaba con su suerte y con sus paisajes.
La guerra lo cambió: le destrozó el ánimo y la templanza,
y le volcó un arsenal de pesadillas y tigres en el sueño”.
Así lo dijo: tigres en el sueño. Mi madre, cuando quería,
era un completo misterio: leía, se apasionaba con el arte
y buscaba la belleza en las pequeñas cosas de cada día.
Nos regalaba cuadernos y lápices, nos hablaba del Quijote,
de la luz invisible de Velázquez y del cine de su niñez.
Y era capaz de definir así el estado inestable de su marido.
Ambos procedían de Trasobares: allí habían sido labradores.
Mi padre no dominaba los oficios de la huerta;
en cambio conocía todos los secretos de la fruta.
Yo lo veía injertar con mimo y creía que hacía magia.
Le gustaban los albaricoques, las pavías y los melocotones,
tenía diversas clases de uvas, de higos y de brevas,
y trampeaba entre los surcos con los tomates y los melones.
Nos habían dejado una torre familiar: Torre del Abejar,
y ese era el refugio de mi padre. Cuando llegaba marzo,
se encolerizaba, discutía con todos y se volvía insoportable:
era su forma de anunciar que iba a marcharse a las tierras.
Entonces solo lo veíamos de vez en cuando. Ni nos echaba
en falta ni nosotros teníamos ganas de aguantar su genio.
En noviembre, cuando regresaban el cierzo y el frío
reaparecía como un fantasma, desharrapado y débil.
Si quería, tenía un poderoso instinto de supervivencia.
Durante esos casi seis meses, o más, iba a verlo a la torre.
Era un espacio inquietante y tal vez inconmensurable.
La casa imponía pavor. Como las eras y los cobertizos.
Cerca de allí, años atrás, se había cometido un crimen.
Cerca de allí pasaban los canales de riego y las cascadas.
Mi padre iba y venía a su antojo con la libertad del solitario
que espera el milagro constante de las noches y los días:
brisas, resplandores, cielos encapotados, plenilunios de verano.
Casi a diario, a partir de mayo, llevaba la fruta
al Mercado Central de Zaragoza: colocaba su remolque
en la bicicleta y lo llenaba de fruta. Siempre hacía lo mismo:
lo colmaba con lentitud, colocando las piezas en canastos.
Me conmovía su obstinación de agricultor en paz.
Me miraba y decía: “La fruta no soporta bien el traqueteo”.
Me hacía gracia. Yo lo observaba como a un extraño.
O a un poseído. Me gustaba verlo pedalear por los caminos,
entre los maizales, entre los árboles, levantando polvo,
un polvo pegajoso y dorado que le manchaba las sienes.
Era como si solo allí, en la Torre del Abejar, fuera
auténticamente afable: el padre que había soñado para mí.
Un día me llevó al mercado en su remolque. Tendría seis años.
Era su pasajero, su colaborador, el hijo inesperado.
Insistía: “Recuerda que la fruta no soporta bien el traqueteo”.

Hace años que murió. A menudo pienso en él
y recuerdo lo que siempre nos contaba mi madre:
“La guerra lo cambió: acabó con sus sueños felices”.
Ella lo recibía en casa, en las dos o tres casas que hemos
tenido, con infinita compasión. No le preguntaba nada.
No podía, ni quería, acceder al fondo de sus tinieblas.
No quería excitar el tigre sonámbulo de su dolor antiguo.
A menudo pienso en mi padre y recuerdo aquel viaje,
de ida y vuelta, en bicicleta al Mercado Central.
A veces se giraba para verme. “Agárrate fuerte”, decía.
En aquella mirada me pareció adivinar ternura y miedo,
y creí entender algo de su extraña forma de vida.



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VIDA, MÚSICA Y MUERTE DE NICO







A Juanjo Blasco Panamá.






Todo en ti, hermosa Christa, fue un constante enigma,
un subterfugio del dolor, de la luz y de la sombra.
Casi nadie sabe con certeza dónde naciste.
¿Fue en Colonia o en Budapest? ¿Fue en 1938 o en 1943?
Qué importa. La vida pronto te mostró sus escalofríos:
tu padre, el hombre que te contaba historias del tren
que cruzaba el bosque rumoroso de los cuentos de hadas,
falleció en un campo de exterminio. Ya vivías en Berlín.
En un viaje a Ibiza, años después, uno de tus amantes
decidió cambiarte el nombre: para él, y para todos,
serías siempre Nico. Nico, en homenaje a un fotógrafo:
el apasionado amor que tu amante había perdido.
Ya serías para siempre la bella Nico. La maldita.
La moderna que hacía pensar en Twiggy, en Jane Birkin
o incluso en Marianne Faithfull, mujeres de ardor
y arrojo que desordenan la furia del deseo.
Pronto te convertiste en una musa, como Edie Sedgwick.
Cantabas con una fría y metálica voz, acaso andrógina,
desfilabas como nadie con una elegancia antigua,
paseabas con misterio y asombro en La Dolce Vita
de Federico Fellini. En tu derredor se multiplicaban
las leyendas: le habías arrebatado el marido a Anouk Aimée,
habías vuelto loco a John Cale, a Gainsbourg y a Andy Warhol,
y tu corazón se inflamaba de todas las drogas de la tierra.
A solas, cuando te abrazabas a tu querido armónium,
leías a Hölderlin, a Baudelaire, a Blake y a Coleridge:
tu música era como un canto medieval sacrílego
y tu alma se vaciaba en soledad y desamparo a cada hora
con aquellos versos tan tristes como tus venas.
Vivías en el arte, en la música, en el teatro, en la pasión.
En Nueva York tomaste clases con Lee Strasberg
y hechizaste a Bob Dylan, a Lou Reed y a tantos otros
que escribieron para ti, como los chicos de la Velvet.
Cada uno de tus discos era más inquietante y sombrío:
te empeñabas en seguir todos los caminos de la derrota.
Las notas se encadenaban con un sarpullido de oscuridad.
Jugabas a ser una diosa imposible, una sacerdotisa lejana,
y a la vez, junto a Philippe Garrel, una poseída: dicen
que tomabais imágenes desde la cubierta de la Ópera Garnier.
Decían que capturabais los lamentos de la luna sobre París.
Luego, te marchaste a Ibiza, con tu hijo y casi en secreto.
Dijiste que Christian Aaron era hijo de Alain Delon
y de un pasado amor que dejó cicatrices en la sangre.
Tu último disco, ‘Camera Obscura’, tenía algo de responso
y de canto mortuorio de quien se despide del mundo.
¿Habías querido anticipar tu epitafio de exiliada en la tierra?
Y a la vez, con su perfecta tristeza, era una obra maestra.
Un día, mientras paseabas por la ciudad en bicicleta,
ocurrió aquello: se te paró el corazón y te desplomaste.
Tu cabeza se golpeó terriblemente contra el suelo.
Alguien te llevó al hospital: no acertaron con el diagnóstico,
ni era insolación ni el rescoldo de una noche de excesos.
Y al día siguiente fallecías de un derrame cerebral,
tú, Christa Päffgen, inolvidable Nico que jamás
quisiste renunciar a las sucesivas formas del luto.

Recuerdo cuando llegó la noticia a mi periódico,
El día de Aragón. Fue hacia las seis de la tarde.
El redactor musical dijo: “Nico, el animal más bello de la música,
el ángel terrible, la mujer fatal y provocadora, ha cantado
su última melodía”. Cogió el retrato tuyo que mandó
la agencia y lo rompió en dos mitades. Así saliste:
con el rostro y los ojos partidos, y el cabello muy rubio.
“Una caída de bicicleta pone fin al enigma de Nico”,
decía el titular. En letras más pequeñas se añadía:
“La cantante, modelo y actriz alemana murió en Ibiza
donde se había recluido con sus fantasmas”.






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Olga Bernad






Olga Bernad es licenciada en Filología Hispánica en la especialidad de literatura por la Universidad de Zaragoza. Ha publicado el poemario Caricias perplejas (Fundación Ecoem, Colección de poesía Siltolá, 2009), la novela Andábata (Paréntesis Editorial, Colección Umbral, 2010) y la plaquette Cuadernos de la Cigale, nº 2, editada por Juan Vico y Álex Chico en 2009. Ha sido incluida en la antología YIN. Poetas aragonesas 1960-2010, seleccionada por Ángel Guinda para Olifante Ediciones, y en la antología de poetas contemporáneos Poesía para niños de 4 a 120 años (Ediciones de la Isla de Siltolá, 2010). También ha participado en el libro de relatos Suegras. Retratos sobre el gran enemigo, editorial Nuevos Rumbos, 2010.
Su segundo poemario Nostalgia armada, acaba de aparecer en la nueva colección Vela de Gavia de Ediciones de la Isla de Siltolá.Algunos de sus relatos y poemas han sido publicados en diversas revistas literarias, como Rolde de estudios aragoneses e Isla de Siltolá (de cuyo consejo de edición forma parte). Colabora en la Revista de Letras del periódico Heraldo de Aragón escribiendo reseñas literarias sobre novedades editoriales. Textos suyos han aparecido también en varias publicaciones digitales, entre ellas la Revista de Humanidades Kafka o la página web de DVD Ediciones. En la red, mantiene los blogs
Caricias perplejas, donde publica versos y prosas propios y Los otros, dedicado a textos ajenos.






Poemas:




KING GEORGE

No quería decirte cualquier cosa
ni de cualquier manera.
Quería disparar sobre tu frente
para lavar de golpe mi memoria
con un simple y sencillo asesinato.
Ahora muerdo
el polvo de la pólvora quemada
pegado al paladar y a mi saliva.
Yo no te maté apenas, sin embargo
tu frente se ha tragado mis preguntas.
Toda la noche estuve dando vueltas
al rastro de los besos que inventaba
con inquieta nostalgia de novicia
-esa brutal nostalgia de todo lo no sido-
y recuerdo
que al despertar tenía ya en la boca
cobrado mi salario:
el sinsabor exacto de tu nada.




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BELCHITE 2002






¿Recuerdas aquel día?
La última visita al pueblo viejo.
Allí danzaban todos los fantasmas
que no pudimos ver, y lo visible
estaba lleno de huesudas manos
que agarraban con fuerza nuestros rostros.
Mirábamos la iglesia, el esqueleto
de un ángel que murió cuando existían.
Con mimbres de noviembre se ha tejido
el pueblo muerto.
Con deseo y con rabia,
con odio minucioso y laberíntico
se edificó esta destrucción paciente
que ahora respira así junto a mi boca.
Todo es cierto y es nuestro y, sin embargo,
no estuvimos allí; sobrevivimos
en la supervivencia de otros hombres.


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Música:







Deep in Blues


domingo, 30 de enero de 2011

El recital del día 22...




Los vídeos de David (muchas gracias amigo)































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